De pronto todo se calma. Tanta tranquilidad, como quien habita un lugar deshabitado.
Silencio atroz, caminos despejados y luces únicamente provenientes del cielo.
Sonidos de la naturaleza, que de apoco acostumbran al oído de quiénes los escuchan. El sonido de la lluvia, del hielo resquebrajandose, del viento y de los árboles.
Ya nada nos sorprende, somos inmunes.
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