Sonrisas inesperadas, curiosidad en rostros de gente que recién esta naciendo en este espacio.
Pasillos sin fin, como laberintos dentro de un gran hotel que conecta restaurantes y tiendas de ropa. Atardereceres de película, con árboles, montañas, y cálidos colores degradados como una pintura en el cielo.
Un inmenso reloj rojo, que marca el punto de partida y al mismo tiempo el de encuentro para muchos desorientados.
Las vacaciones llegan de forma repentina, de un momento a otro colapsa todo. Miles de pequeños y grandes esquiadores, repletos de equipamiento y adrenalina, más sonrientes que nunca.
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martes, 27 de diciembre de 2016
Vermont IV
lunes, 26 de diciembre de 2016
Vermont I
Como aquellos sitios que existen sólo en sueños, se muestran imágenes que sumergen al sujeto en un paisaje ideal, rodeado de formas indefinidas en un plano inventado. Todo es efímero, todo es cambiante, hoy está, mañana ya no.
Conos de hielo colgados de las ventanas, esperando la luz solar para dejarse caer, entradas que no se ven, un arroyo que vi ayer y hoy sólo es nieve.
Un ambiente pacíficamente poblado, ciudadanos que existen sólo unas pocas horas en las que, yo creo, el sol no da lugar.
Pequeño pueblo poseedor de rasgos distintivos que lo identifican y separan de la atareada ciudad de las luces. Tan cerca pero a la vez tan distinto.
Cada forma, cada detalle, forma parte de un cuadro rigurosamente pintado, con la firmeza de un experto y la variabilidad de la vida misma.
Cada sujeto es constructor de la identidad de este espacio. Se vive para construir un ambiente de todos, en el que ajenos se sienten parte , y los lugareños se adaptan.
Vermont II
Los colores nunca se repiten, sólo el blanco, que en esta época del año parece robarse todas las horas.
Autos que desaparecen bajo alguna nevada, caminos que ya no son tan fáciles de transitar, otros que quizás si.
Por allá un pequeño gran bosque, huellas de algún animal salvaje que busca comida. Ruidos ajenos, que asustan a cualquier intruso, y a un residente quizás.
Lluvias intensas un día, fuertes nevadas por la noche y quizás algún que otro día de sol para deshacer toda la magia.
Sin dar rastros de gestion, uno es consciente de que hay algo, alguien detrás de toda esta maravilla. Porque la basura se saca, y alguien la levanta, porque a pesar de no haber seguridad en las calles, las casas no tienen llave, porque aunque así me atreviera a perjudicar a alguien sabría que es a mi a quien estaría fallando, porque los lugares así de perfectos no están hechos para el humano.