perturbando cuerpos que sin consuelo,
se someten a la enérgica corriente del vendaval.
Reposan sobre la humedad de los suelos
se someten a la enérgica corriente del vendaval.
Reposan sobre la humedad de los suelos
siendo tan sólo pequeños fragmentos
de tierra y de vida,
bruscos,
de tierra y de vida,
bruscos,
sueltos,
bailando en un cielo que se sumerge,
una infinita nube,
una infinita nube,
que aguarda en el ojo del huracán.
Espera a lanzar un estremecedor alarido,
que será recordado aún en el tiempo,
camuflado entre el sonido de las gotas cayendo fuertemente sobre las ventanas,
que no dejan ver más allá
de lo que se percibe desde el rincón
de una habitación cargada de recuerdos,
en un colchón viejo y sin sabanas,
donde una persona aguarda,
como si supiera aquello que ocurrirá,
solo esperando a que finalmente,
suceda.
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